La velocidad por encima de todo, innovar con tecnología o creer saber todas las respuestas son algunos de los mitos que líderes y trabajadores tienen sobre cómo se debe liderar, pero la ciencia no los respalda.
Los líderes son rebeldes por excelencia. Piensa en Jesús, Sócrates, Juana de Arco, Martín Luther King o Nelson Mandela, todos desafiaron los valores de sus sociedades y retaron los mitos más arraigados de sus culturas, logrando que miles siguieran sus visiones de sociedades mejores. Se suele creer que estas personas nacieron para liderar o que su carisma o inteligencia los hizo líderes, pero las cualidades para liderar no son innatas y no existe un tipo de personalidad para liderar. Estas ideas son mitos.
A estos mitos se le suman otros, como creer que la velocidad es la principal ventaja competitiva o que la innovación es simplemente tecnológica. Estas ideas están arraigadas en la cabeza de muchos líderes, aunque existe evidencia en contra. Tal vez por esto, existe una crisis en la confianza de los liderazgos que hace que aunque una persona tenga un cargo de liderazgo, no es percibido como tal por sus equipos.
Así lo mostró un estudio realizado en 2024 por la consultora Gartner, en el que el 69% de los líderes de recursos humanos entrevistados no creía que sus líderes son completamente aptos para liderar. Además, Gallup ha evidenciado que la confianza en los líderes está cayendo y solo el 21% de los trabajadores cree firmemente que sus líderes los inspiran a dar lo mejor de sí.
Para Tony Martignetti, Director de Inspiración en una consultora de liderazgo, los líderes asumen estos mitos porque suenan bien, además de que son frecuentemente compartirnos en escuelas de negocios, historias de éxito y permean la cultura corporativa. “Pero cuando los líderes operan bajo estas suposiciones, se arriesgan a tomar malas decisiones, perder oportunidad y, en últimas, debilitar su impacto”, explica.
Así que prepárate para retar algunas de las creencias más arraigadas sobre cómo son y qué es lo mejor para liderar:
Mito 1: La velocidad es la mejor ventaja competitiva
Al instante, inmediato, llega hoy, en una hora o es gratis. Las empresas glorifican ofrecer velocidad como un factor definitivo para escogerles entre la competencia. Martignetti confiesa que cuando comenzó a trabajar cayó en esta trampa de tomar decisiones rápidas, hacer eventos en días y buscar resultados sin dudar.
Si bien esto le trajo méritos a corto plazo, también la hizo caer en errores que hubiera podido evitar, como contratar a personal equivocado, lanzar productos sin que estén listos y perder oportunidades para fomentar un crecimiento más sostenido.
“El verdadero avance llegó cuando aprendí a balancear la urgencia con la ponderación: tomarse un tiempo para parar, reunir perspectivas diversas y tomar decisiones basadas en su impacto más que en el impulso”, dice.
Por supuesto, la velocidad es importante y también tiene es beneficios, principalmente que exige a las personas hacer y terminar tareas y procesos. Sin embargo, detenerse a planear y revisar resultados puede ayudar más a la empresa que solamente acelerar.
Antes que pensar simplemente en la velocidad, Martignetti recomienda resolver preguntas como la dirección en la que va la empresa y la prolongación de los bienes o servicios que crean. La verdadera ventaja competitiva no proviene de la velocidad, sino de la estrategia y su ejecución, agrega.
Mito 2: la innovación es solamente tecnológica
Primero el correo y las cartas, luego el teléfono y ahora Internet. La tecnología produce cambios constantes en la industria y lo vemos casi a diario con el avance que tomó al mundo por sorpresa: la Inteligencia Artificial.
Ahora mismo, miles de empresas luchan por integrar efectiva y eficientemente la IA en sus procesos y están convencidas de que esta tecnología, por sí sola, logrará cambiar el rumbo de sus negocios. Sin embargo, para Martignetti, las innovaciones más importantes surgen frecuentemente de cambios en la cultura y la operación organizacional.
Una pregunta que invita a innovar es “¿Cómo podemos retar las formas tradicionales de hacer negocios?” o “¿Cuáles suposiciones de nuestra industria podríamos repensar?”. Para Martignetti, esta es una manera de fomentar a los equipos a innovar más allá de utilizar nuevas herramientas, sino “a través de ideas centradas en humanos, nuevos modelos de negocio y transformación cultural”, sostiene.
Un ejemplo de esto es Howard Schultz, el presidente y director de Starbucks. Por supuesto, la máquina de café no la inventó él, pero sí redefinió la experiencia de tomarlo al presentarlo de otras maneras en Estados Unidos.
Mito 3 : los líderes son lobos solitarios y conocen todas las respuestas
“El mito del liderazgo es el mito del guerrero solitario: del individuo cuyo heroísmo e inteligencia le permiten liderar el rumbo”, escribe el investigador Ronald Heifetz en su libro ‘Leadership Without Easy Answers’.
Por esto, muchos líderes sienten la presión de creer que deben tener todas las respuestas y ser el más listo del equipo. Pero nada de esto no es cierto. Por un lado, el liderazgo no debe verse como una responsabilidad individual, sino una actividad colaborativa, explica Martignetti. Los líderes deben trabajar con su equipo, no alejado de este.
Por otro lado, esto implica que estas personas saben escuchar a los otros y valorar sus aportes. Si bien un líder debe tener cualidades como la capacidad de planear, identificar problemas, prever el futuro o resolver conflictos; estas solo serán útiles trabajando en equipo.
“El liderazgo no se trata de tener un conocimiento infinito, sino de crear un ambiente donde la curiosidad prospere, las perspectivas diversas sean valoradas y las nuevas ideas surjan”, explica Martignetti.
Un líder fomenta este tipo de cultura en la que los equipos se sienten con poder para desafiar las formas tradicionales y el status quo, promoviendo que surjan preguntas y nuevas formas de enmarcar las situaciones como “¿Qué no estamos viendo?”, “¿Quién más debería participar de este proceso?” o “¿Qué suposiciones estamos haciendo?”.
Mito 4: liderar requiere carisma o extroversión
Por supuesto que algunos líderes son carismáticos. Eso puede hacerlos populares, pero no necesariamente buenos líderes, y ejemplos hay muchos. La ficción y el cine, sobre todo, han creado este imaginario colectivo y solo basta pensar en Tony Stark de Los Vengadores. Sin embargo, libros como ‘Good to great’, del consultor de liderazgo Jim Collins, señalan que los líderes más efectivos en su investigación eran humildes, modestos y moderadamente callados.
El carisma es una herramienta poderosa para motivar, pero tiene sus espinas. Por ejemplo, puede volver al líder un ‘héroe’, lo que será un obstáculo cuando tenga que tomar decisiones difíciles.
De acuerdo con el doctor en desarrollo humano Brian D. Fitch, lo que destaca a un líder es su capacidad de motivar a otros y sentido de propósito, no sus personalidades.
Mito 5: Los líderes nacen, no se hacen
Este es uno de los mitos más viejos y arraigados en la mente de los humanos. Pensamos que las cualidades para liderar se da naturalmente sólo en algunas personas, excepcionales. Por supuesto, la ciencia ha demostrado que esto no es así.
Una investigación publicada en The Leadership Quarterly mostró que los factores genéticos contribuyen solo en 30% en las cualidades de los líderes, mientras que el 70% se adquiere a través de desarrollo personal, aprendizaje y experiencia.
“Por ejemplo, comunicar efectivamente, generar confianza y motivar pueden mejorarse con práctica y retroalimentación”, afirma Fitch. Y en palabras del autor del bestseller ‘Los siete hábitos de la gente altamente efectiva’ Stephen R. Covey, “El debate si el liderazgo es una cualidad innata o adquirida es una falsa dicotomía: el liderazgo es una decisión”.
Como dijimos, los líderes son rebeldes, capaces de desafiar el pensamiento tradicional y cuestionar sus propias creencias y mirar siempre adelante. La velocidad ni el carisma importan tanto como abrazar la curiosidad, aprender y desafiar lo que se toma por sentado, incluso aunque eso signifique desafiarse a sí mismos.